12/13 octubre

calendarioMBww

 

 

 

 

×

Advertencia

JUser: :_load: No se ha podido cargar al usuario con 'ID': 593

Las infantiles y las juniors centraron la atención del sábado por la tarde en el Pabellón Serrerías. Ambos equipos cedieron en casa ante equipos de mayor edad y teóricamente superiores, pero ofrecieron una buena imagen que hace pensar en una temporada ilusionante.

Las chicas de Mari Cruz Gómez plantaron cara, especialmente en la primera parte, a un Mazarrón Basket que hace apenas unos meses jugó la Final a 4 en el mismo escenario y con varias jugadoras de las que estaban en la pista este fin de semana. Tras igualar en el primer cuarto, al descanso se llegó con 24-34. En la segunda parte sí que las de Antonio Ballesta pudieron ampliar su renta hasta el 48-75 final. El Servem Carretillas MB visitará a AD Infante la semana que viene.

ÁLBUM DE FOTOS

Un resultado muy parecido cosechó nuestro Junior Femenino (45-73) precisamente frente al equipo senior de AD Infante. Lucía, Mar, Ascen, Silvia y María, que fue el quinteto de Marcos Marín para iniciar el partido dejó los primeros 5 minutos sin anotar a las murcianas, que sin embargo vencieron el primer cuarto por 8-17. En el segundo, ambos equipos se soltaron los nervios iniciales y se vio un período vistoso (25-40). La segunda parte tuvo menos emoción en el marcador, aunque las jugadoras no dejaron de trabajar y pudieron verse algunas acciones de gran mérito. El desacierto en la culminación de los contraataques privó a las molinenses de reducir la diferencia.

ÁLBUM DE FOTOS

Dos de los tres equipos cadetes masculinos de Molina Basket jugaron en la mañana de este domingo en el Pabellón Serrerías.

En primer lugar, el Frutos Secos Pelluz MB'01 derrotó por 76-60 al CB Myrtia en un encuentro que dominó en casi todos los instantes. Unos buenos momentos en la primera parte, le dieron a los de Javi Piqueras una renta superior a los 10 puntos, aunque varios contraataques verdinegros la dejaron en la decena al descanso. Los de Marcos Molina llegaron a situarse muy cerca de los molinenses en el tercer cuarto pero en el último los locales supieron rematar, alcanzando las máximas ventajas.

ÁLBUM DE FOTOS

A continuación, el Loymaz MB'00 buscaba su primera victoria y la encontró frente a un CB Caravaca que peleó pero que no pudo contrarrestar el elevado número de rebotes molinenses en ambos aros. La entrada de Javi Vázquez desde el banquillo dio más consistencia en este apartado y la aparición en el partido de Álex García y Ángel Villaescusa despegó a los azules en la primera parte. Este último acabó lesionado en uno de sus tobillos aunque no parece nada grave. La mejor canasta del partido la logró Fulgen López al anotar sobre la bocina del tercer cuarto.

ÁLBUM DE FOTOS

12 equipos de Molina Basket disputan partidos oficiales este próximo fin de semana. El PreInfantil ha aplazado su encuentro para más adelante. Este es el avance de cada partido:

1ª NACIONAL    CB. MYRTIA MURCIA TUTTOCARS MB 17/10/2015 16:30 PABELLON FEDERICO DE ARCE

Los de Diego Paniagua buscan resarcirse del traspié de la jornada inicial. Sin embargo, se toparán con un rival que fue capaz de vencer en Lorca y que cuenta con varios jugadores con la calidad y la experiencia suficiente como para decir bastante en esta liga.  Los nuestros deben mejorar el nivel de acierto desde el tiro libre (estuvieron por debajo del 50%) para poder competir.

SENIOR FEM.    CB. MYRTIA MURCIA ( JUNIOR) CAPITRANS MB ( SENIOR) 17/10/2015 10:00 PABELLON FEDERICO DE ARCE

Llega el debut del primer equipo femenino, y lo harán ante el mismo rival que los chicos, el CB Myrtia. En este caso, las murcianas son juniors, y aunque las nuestras pueden partir con el papel de favoritas, no deberían confiarse ante un grupo de jugadoras que viene creciendo año a año. Esperamos que las de Kini Hernández puedan hacerse con la primera victoria.

1ª AUTONÓMICA   C.B. SIERRAMAR EL ALGAR CAMPILLO PALMERA MB 17/10/2015 19:00 PABELLON MUNICIPAL EL ALGAR

También estreno para José J. Fernández y sus pupilos en un campo que siempre resulta incómodo. La juventud del equipo molinense contrastará seguramente con un cuadro mucho más veterano por parte de El Algar. 

JUNIOR'98     BASKET CARTAGENA "A" INTERCON MB 17/10/2015 19:30 PABELLON VIRGEN DEL CARMEN
 
Tras la carga de energía que el equipo ha cogido con el derby, ahora toca seguir luchando como en los dos choques anteriores, ante un oponente que se encuentra actualmente por debajo en la clasificación. No hay otra fórmula que la del otro día, ponerlo todo en la pista.
 
JUNIOR'99     CB. MONTEAGUDO GRAN MURALLA MB 17/10/2015 12:00 PABELLON COLEGIO MONTEAGUDO

A pesar de las dos victorias que contabilizan los juniors de primer año, el juego todavía deja muchas altibajos, algo por otro lado normal a estas alturas de la temporada. Ante el CB Monteagudo, tienen una nueva oportunidad de seguir creciendo, antes del parón liguero del día 24.

JUNIOR FEM.   INTERCON MB ( JUNIOR) RODAMIENTOS DEL SEGURA SL BFLA AD.INFANTE(SENIOR) 17/10/2015 19:00 PABELLON SERRERIAS

Las juniors debutan y tendrán ante sí un duro rival, que si bien no será un contrincante para pelear por las plazas de Final Four, ya que es un equipo senior, sí que puede servir para ver cuál es el tono actual de las chicas de Marcos Marín, repetimos contra un equipo sobre el papel superior.

CADETE'00    LOYMAZ MB ESC. MPAL. CARAVACA DE LA CRUZ 18/10/2015 12:00 PABELLON SERRERIAS

La primera jornada no dejó un buen sabor de boca para nuestros cadetes mayores. La derrota en Archena por 6 puntos no era del todo esperada, aunque podía producirse. De todos modos, lo mejor es que fue en el primer partido y que hay mucho tiempo por delante para mejorar. ¿Por qué no empezar en el duelo contra Caravaca?

CADETE MIXTO   CB. SANTOMERA TRIPLE L MB 17/10/2015 10:00 PABELLON MUNICIPAL DE DEPORTES

El equipo que dirige Jota Vicente tiene una buena oportunidad para medirse de tú a tú a un equipo que a priori puede ser de sus características. Este conjunto tiene que ir demostrando su progresión poco a poco y en Santomera el sábado esperamos que se pueda ver.

CADETE'01      FRUTOS SECOS PELLUZ MB CB. MYRTIA MURCIA 2001 18/10/2015 10:00 PABELLON SERRERIAS

Enfrentamiento entre los dos primeros (y anecdóticos) líderes del grupo D2. El CB Myrtia llega al Serrerías tras haber ganado con solvencia al Superdumbo Maristas y aspira a bajar del primer puesto a los de Javi Piqueras. El domingo saldremos de dudas.

CADETE FEM.  AD. INFANTE ACG MOLINA BASKET 17/10/2015 12:00 PABELLON LOS DOLORES

Las cadetes comienzan la liga y "el Tourmalet", como define su entrenador Isma Martínez a los cuatro partidos iniciales: Infante, Cartagena, Jairis y Estudiantes. Las de la capital ya les arrebataron el bronce hace dos años y es un conjunto que se conoce a la perfección. Será un difícil estreno pero esperamos que las MB se traigan los dos puntos.

INFANTIL MASC.  MOVISTAR PLUS BASKET CARTAGENA EMRESER MB 18/10/2015 10:00 PABELLÓN CENTRAL WSELL DE GUIMBARDA

Los de Emilio Bujeque debutan ante el mismo rival ante el que terminaron la pasada liga preinfantil. Aunque el escenario será otro, firmamos un resultado parecido. Un partido con grandes condimentos para que sea un auténtico partidazo.

INFANTIL FEM.    SERVEM CARRETILLAS MB BAHIA MAZARRON BASKET 17/10/2015 16:30 PABELLON SERRERIAS

Las chicas de Mari Cruz inician el campeonato frente a Mazarrón, dentro del grupo A1 donde hay 7 equipos. Las visitantes deben ser uno de los equipos punteros del grupo, ya que el año pasado tenían varias jugadoras de primer año de buen nivel. Estaremos atentos a lo que suceda en este partido.

 

 

 

 

Todas duermen. No es fácil contar esta historia y me vendría bien ayuda. Pero todas están dormidas.

Volvemos de Belfast. De vuelta. De un viaje. De una experiencia. De una aventura. De un torneo de baloncesto.

La mayoría de ellas son junior. Yo dejé de ser junior cuando ellas no habían nacido. No me imagino qué habría supuesto para mí viajar al extranjero para jugar al baloncesto con mis compañeros de aquella época, con mis amigos. Que lo eran entonces y siguen siéndolo hoy en día.

Con el tiempo, los sueños se cambian por recuerdos. Sustituir lo que te gustaría hacer por lo que realmente hiciste. Pero eso se entiende más tarde.

Algún día perderán en una mudanza las medallas que les dieron ayer. O tirarán las camisetas que les regalaron por estar desgastadas. O romperán accidentalmente los trofeos de cristal que consiguieron. O quizás lo hayan hecho ya.

Pero eso no importa. Lo más importante de estos días en Belfast no se pierde, ni se tira, ni se rompe.

En el avión. Voy a intentar contarlo. Ahora que todas duermen, haré lo mismo que ellas: cambiar sueños por recuerdos.


Todo empieza en Serrerías. Entre maletas y los nervios silenciosos del viaje que está a punto de arrancar. Entrenadores convertidos en padres; jugadoras convertidas en hijas.
 
De camino al aeropuerto, suena Arctic Monkeys en el coche. Cae la noche. Hablamos de ese Eurobasket que España va a ganar. Seguro.

Nights were mainly made for saying things 
that you can't say tomorrow day
 
En el aeropuerto. Frente al Burger King. Es la primera vez que estamos todos. Toda la expedición. Quince. Trece y dos. Las familias nos arropan hasta el último momento. Hasta donde lo permite el control de tarjetas de embarque y documentación.
 
Comprobamos documentación. Volvemos a comprobarla. Se facturan maletas. Incluso se cena. Como si se quisiese alargar la despedida. En estos viajes suelen pasarlo peor quienes se quedan.
 
Nadie sabe lo que viene después, pero los que se van tienen la emoción de la aventura. Los que se quedan sólo pueden esperar. Que todo vaya bien.
 
Para algunas es la primera vez en un avión. Hay preguntas, hay dudas, pero también hay ganas de explorarlo todo.
 
Somos los únicos españoles entre más de cien pasajeros. La liamos en el avión antes de despegar. Un hombre de unos 120 años se gira cabreado y nos manda callar cuando todavía estamos en tierra.
 
Se acaba el viernes. Medianoche. Un grupo de trece amigas a punto de volar hacia Belfast para jugar un torneo de baloncesto. Hay cosas que no se pueden controlar. ¿Qué esperaba, caballero?
 
La seguimos liando, pero con más calma. Sólo nos llaman la atención un par de veces más. Tampoco es tanto. Es muy tarde. Noche cerrada. Cae la madrugada, pero nos cuesta dormir. Hay cosas que no se pueden controlar.
 
Nos esperan en Belfast. En teoría. Nos han dicho que estarán allí cuando lleguemos. No se lo digo a nadie, pero me da pánico que no sea así. La llegada está prevista a la 1:30, hora irlandesa.
 
Algo pasa. La mayoría de nosotros vamos en la parte final del avión. A la mitad del pasillo, cerca de Mari Cruz y Alba, alguien parece enfermo. Las azafatas van y vienen. Los que estamos lejos no nos enteramos de nada. Bastante tenemos con lo nuestro.
 
Mari Cruz, como buena enfermera, intenta ayudar. No le hacen ni caso. La cambian de sitio y le dan una botella de agua. Gracias por colaborar.
 
Tras mucho tiempo a oscuras, vemos unas luces en tierra. ¿Eso es Londres? No, tiene que ser Bristol. Ya queda poco. El avión desciende. Me alegro. Es la 1:15. Parece que llegamos con adelanto.
 
Me equivoco. Nos avisan de que hacemos una parada de emergencia porque la persona enferma está cada vez peor. ¿Esto es Belfast? No, es Bristol.
 
Aterrizamos. Suben médicos. Suben policías. Suben bomberos. Pero no baja nadie. Es lo que tienen los protocolos aéreos.
 
No nos dejan levantarnos. Evidentemente, nos levantamos. Nos dicen que dejemos de movernos. Evidentemente, no dejamos de movernos.
 
Tras una hora de evaluación, deciden que es seguro llevarse a la persona enferma. Ahora falta el papeleo, que nos autoricen el despegue y esas cosas. Yo miro el reloj. Nos esperan en Belfast. En teoría. Nos han dicho que estarán allí cuando lleguemos.
 
Pero ya son casi las 3:00 y estamos en Bristol. Despegamos.
 
Muchas se rinden y cierran los ojos. 

Aterrizamos en Belfast. Ahora sí. Deben de ser las 4:00. Nuestra maleta es la última en aparecer. Nosotros somos los últimos en salir.
 
Nos esperan en Belfast. En teoría. Nos han dicho que estarán allí cuando lleguemos. Nos lo han dicho. Me lo repito para tranquilizarme. Avanzar por el pasillo es un acto de fe.
 
Pero Breda está allí. Breda, nuestra anfitriona. Como siempre a partir de ese momento. Allí donde la necesitemos. Nos esperan cuatro coches. Particulares. Pasando la madrugada en un aeropuerto para esperarnos.
 
Yo me voy con Breda. Cogemos un atajo. Me explica que hay cambios en el torneo. Han fallado dos equipos. Pero nosotros estamos aquí. La niebla nos rodea al cruzar un bosque. Es un atajo. Lo dice Breda. Aunque nosotros sólo vemos niebla. Acto de fe.
 
Llegamos al hotel. Tres estrellas. Moqueta y madera. Irlanda. Repartimos las habitaciones. Dobles. Entrenadores, abajo junto a recepción. Jugadoras, arriba en la planta superior. El reloj marca casi las 5 de la mañana cuando se deja de escuchar ruido de pasos y maletas. Hay que dormir rápido, con los ojos apretados.
 
Mañana está a punto de empezar.
 
Tres horas de sueño y arriba. Tres partidos por delante en las siguientes ocho horas. Se dice rápido. Las chicas aparecen en el desayuno con mejor cara de la esperada.
 
Los nervios son el mejor despertador.
 
Desayuno. Zumo de naranja en polvo en vasos pequeños. Té rojo con toda la fuerza que pierde en café en esas tierras. Tostadas y cereales, la mayoría. Alguna vacía la bandeja de croissants en la primera barrida. Otras se arriesgan a pedir un típico desayuno irlandés. Huevos, bacon, alubias,… A esas horas, yo no puedo ni mirar esos platos.
 
Volvemos a tener cuatro coches en la puerta a la hora prevista para salir hacia el pabellón. Son personas diferentes, pero igual de amables. Nos miman.
 
Recorremos un par de millas en un barrio residencial, lleno de universidades y colegios de pago. Estamos en una buena zona. Se nota. 

No vemos el sol. No lo veremos en esos días. Al menos no llueve. Todavía. 20 grados y nubes. La gente nos dice que tenemos suerte con el clima.
 
Llegamos al Methodist College.
 
Nuestro primer rival son las anfitrionas. Ulster Rockets. El equipo de Breda. Son más grandes. Son más fuertes. Son más duras. Es otro baloncesto.
 
Hay más contacto, más empujones, más lucha, más imprecisiones. Más caos. Los golpes de cadera no son falta. Tampoco hay falta en la lucha por el rebote. Ni en los balones divididos. De hecho, prácticamente no hay faltas.
 
No existen los pasos de salida, excepto si los hace Mar. De todas las cosas que ella les enseña ese fin de semana, eso es lo único que los irlandeses no aprenden. Ángela, en cambio, juega feliz. Tiene momentos de iluminación en los que parece capaz de todo.
 
Nadie protesta. Ni jugadores, ni entrenadores ni público. Entonces se deduce que eso es normal.
 
Algunas chicas tenían miedo de que nos pasasen por encima. Pero no es así. Nos vamos seis abajo al descanso (24-18) y con la sensación de que lo podemos hacer mejor. La distancia se mantiene hasta el último cuarto, pero las imprecisiones hacen imposible acercarse. 48-37 y pensando en una posible revancha.
 
Luego esperan las Killester de Dublín. Es otra historia. Sólo hay que verlas calentar. Un equipo profesional hecho para ganar el campeonato de Irlanda. Breda nos cuenta que las dublinesas están probando a una americana para ficharla.
 
Sin tiempo de recuperación contra un rival de otro nivel, de otro planeta. Y sin embargo sucede lo inesperado. El primer cuarto es impecable. A falta de 40 segundos para el final de ese período, las Killester tienen que pedir tiempo muerto. El marcador es 8-8.
 
A partir de ahí, las irlandesas pisan el acelerador. Mucho. Parcial de 23-3 y a otra cosa, mariposa. Es lo que hay. Para eso estamos ahí, para ver cosas nuevas. Para disfrutar de ese nivel de competición.
 
El tercer partido, tras dos horas de descanso, es contra las junior de Ulster Rockets. Tendría que haber sido contra Galway, pero no han venido. Aplazamos el duelo para la próxima visita.
 
Vamos a ganar. Se ve desde el primer momento. El equipo está mucho más concentrado y se cometen menos errores. Las chicas están tan metidas en el partido  que aprenden que el cambio en inglés se pide diciendo “Sub”.
 
Nos pegan igual, pero la presión no es la misma. Siempre delante en el marcador. Es un partido bonito. Al menos para verlo. Imagino que también para jugarlo. Final, 34-42.
 
Habrá que dejar escrito que José Juan Piqueras dirigió el primer partido que un equipo de Molina Basket ganó en Irlanda.
 
Ganar no es lo más importante, pero mejora el día.
 
 
 
El Methodist College es un recinto gigantesco. 150 años de antigüedad. Varios edificios rodeados de césped. Ladrillo rojo y pórticos de piedra. Si apareciese Harry Potter, nadie se extrañaría.
 
Es la sede del torneo senior. Hay otro campeonato junior paralelo en otro lugar de Belfast. Al día siguiente, está previsto que las finales se jueguen aquí. Nos han puesto en la pista principal.
 
El pabellón es una construcción anexa. “Sport Hall” suena mejor que “pabellón”. Es más moderno que el resto de las instalaciones. Es modesto. Me hace pensar en el de Canteras. Buenos recuerdos.
 
En los pasillos se ven vitrinas con trofeos y las paredes están cubiertas de fotos de equipos del instituto ganadores en diferentes deportes. Algunos parecen inventados. Fotos descoloridas con marcos de madera y cristales empañados. Siempre en la misma pose. Siempre en la puerta principal del Methody. A primera vista es difícil saber si son actuales o tienen cincuenta años.
 
Todos los que aparecen tienen en común la ropa ridícula y la sonrisa orgullosa. Tradición.
 
La organización habilita una de las aulas y la convierte en cafetería. Para nosotros. Preparan tostadas y emparedados. Traen magdalenas y galletas. Hay café, té y una especie de bebida de naranja a base de concentrado diluida en agua.
 
Es un menú excepcional por 1’50 libras, aunque también aceptan euros. 2 euros al cambio. Porque somos nosotros.
 
Breda me dice que, ante la baja de Galway, quiere organizarnos un partido contra la selección de Irlanda al día siguiente. Me pregunta qué me parece. No sé cómo se dice “la hostia” en inglés, así que sólo respondo “brilliant”.
 
Tras el último partido del sábado, Lucía y Sabela quieren ir a la cafetería, pero ya está cerrada. Una de las personas encargadas todavía está en el pabellón, así que les abre la puerta. Sabela quiere “algo”, pero ella le da “todo”.
 
Aparece con una bolsa de plástico enorme llena de dulces y bizcochos con pasas. Todo cortado y preparado. Con mucha mantequilla. Todo regalado. Para que no pasemos hambre. Nos miman.
 
Otro grupo de coches vuelve a esperarnos en la puerta del pabellón. En la misma puerta. Son personas diferentes, pero igual de amables.
 
El tipo que conduce aprovecha un atasco me enseña una foto de su casa. Aparecen nueve jugadoras vestidas de verde en el jardín. Es la selección de Irlanda. Se hospedan apiñadas en habitaciones de cuatro y cinco, con colchones en el suelo. “Ayer tenía catorce”, me comenta con una sonrisa, “y en mi casa sólo hay un baño”.
 
Le pregunto cómo se organizan. "Al principio era un poco caótico; entonces les di la clave del Wi-Fi y todo se quedó en silencio", me cuenta antes de echarse a reír.
 
Las jugadoras de la selección de Irlanda duermen en habitaciones de casas particulares tiradas por el suelo. Las de Molina Basket, en un hotel de tres estrellas.
 
Me supera.
 
Nadie nos pregunta por los partidos ni por los resultados. Quieren saber de dónde somos y cómo hemos llegado hasta aquí. La primera cuestión siempre la respondo como me enseñó José Carlos: “Somos de Murcia, al sur de Benidorm”.
 
Para la segunda pregunta ni yo mismo sé cómo contestar.
 
Son las seis de la tarde del sábado. Cogemos el autobús para ir al centro y cenar algo. El 9A es el típico bus británico de dos plantas. Subimos los quince y me dan un ticket de más de dos metros de largo.
 
 
Como es lógico, ocupamos la parte superior. A partir de ese momento, siempre será nuestra. El viaje es rápido. Belfast es una ciudad grande, pero ya es tarde para ellos. No hay tráfico y en un cuarto de hora estamos en el City Hall.
 
Ahí cenamos mañana. Es un palacio de la época victoriana. Las chicas lo habían visto en fotos, pero su reacción es diferente cuando se lo encuentran por primera vez. Una reacción en cadena: asombrarse, desenfundar móvil y hacerse un selfie. Entiendo que es lo máximo.
 
Paseamos por Donegall Place. Castle Place. High Street. Queen's Square. Típica ruta por las calles principales. Todavía no son las siete y la mayoría de las tiendas están cerradas. Nosotros no hemos cenado y la ciudad se prepara para dormir.
 
Sigue sin llover y hay que aprovechar para caminar. Nos acercamos al distrito del Titanic, cerca de los muelles, del mar. Encontramos una sardina que tardará mucho tiempo en olvidarnos. Un cartel indica que está prohibido subirse a ella. Cuando lo leo, ya hay ocho chicas montadas en su lomo. No pasa nada. La ciudad se duerme y apenas hay gente.
 
Cruzamos el puente y recorremos el río Lagan hasta casi la desembocadura. Se hace de noche y empieza a hacer frío. Nos metemos en un centro comercial frente al Museo del Titanic. Son las ocho, pero parece medianoche.
 
Terminamos cenando en el Pizza Hut todos juntos. En el último trozo de su pizza familiar, Alba encuentra una mosca y le sale gratis. Hasta en eso podemos pensar que tenemos suerte.
 
De vuelta al City Hall para coger el autobús, la ciudad ha cambiado. Es noche cerrada y por la calle deambulan seres extraños. Estamos en las calles principales, pero la ciudad duerme y sólo quedan despiertos los especímenes urbanos más particulares. Incluso el McDonald’s más céntrico parece un lugar diferente.
 
Miro el reloj. Apenas son las diez, pero ya es el momento de regresar al hotel.
 
Volvemos a apropiarnos de un autobús. La parte de arriba es nuestra. Las chicas la lían parda. Cantan y corean el nombre de cada pasajero. De todos, menos de uno, que lleva un palo. Hacen la ola. Nadie diría que llevan tres horas de sueño y tres partidos.
 
Además, consiguen algo increíble: todo el mundo es feliz en el autobús. Las personas que suben al bus sonríen e, incluso, cantan con ellas. Ahora la ruta es 9C y el recorrido es más largo. Más tiempo de espectáculo. Momentos hilarantes.
 
Disimulo para que no me vean llorando de la risa.
 
Oigo a Ascen decir “tía, cuando lo contemos, no tendrá tanta gracia” y pienso que tiene mucha razón.
 
Al llegar al hotel, me espera una gran sorpresa. Breda me llama para comentarme que a primera hora de la mañana habrá un partido de la selección de Irlanda junior contra el equipo senior de las Ulster Rockets y que le gustaría invitar a alguna de nuestras jugadoras.
 
Y me pregunta qué me parece. No sé cómo se dice “la hostia” en inglés, así que sólo respondo “brilliant”.
 
Desde nuestra habitación en la planta baja, oigo los pasos de las chicas en el piso de arriba, las carreras y el cuchicheo de esas reuniones clandestinas en plan “todas en una habitación”.
 
Esa noche, a pesar del cansancio, me cuesta dormir. No paro de pensar en los partidos del día siguiente. Ilusionado.
 
Y eso que yo no juego.

 

Dormimos poco. Las caras en el desayuno muestran cansancio acumulado. La lluvia aparece. Así seguirá todo este domingo que acaba de empezar.
 
 
Es el día en que las chicas de Molina Basket jugarán con y contra Irlanda en Belfast. Se dice rápido.
 
Nos miman. Vuelven a acudir puntuales a recogernos. Como cada día. Como siempre. Personas diferentes, igual de amables.
 
Al entrar al pabellón del Methody, vemos las camisetas de la selección de Irlanda. Están ahí.
 
Antes del primer partido, Breda recibe un homenaje sorpresa. El City Hall de Belfast la nombra mejor entrenadora del año. Coach of the year. No sólo de baloncesto. Así, en general. Le entrega el premio un tipo del ayuntamiento que hace un pequeño discurso.
 
Habla de ilusión, de pasión, de todo eso que es necesario para construir un club de baloncesto. Pero insiste en la palabra “dream”. La capacidad de soñar y de la fuerza de esos sueños. Tengo el día tonto y me emociona la idea.
 
Se entrega el premio y todo vuelve a la normalidad.
 
La selección de Irlanda aparece en la pista con su equipación blanca. El rival son las senior de Ulster Rockets. La entrenadora quiere buscar petos para nuestras jugadoras, pero nos ofrecemos jugar con las camisetas blancas de Molina Basket.
 
Sólo la imagen del calentamiento es para no olvidarla jamás. Allí estamos todos y podría haber sido cualquiera de las chicas. Pero son Alba, Mar y Mari Cruz quienes están ahí. Ahí.
 
Me quedo en el banquillo. No sé si como entrenador o como intérprete, pero creo que tengo que acompañarlas. La entrenadora anuncia al quinteto titular. “Mar” es el cuarto nombre que dice.
 
Realmente dice “Mara”. Intento corregir.  Le repito el nombre varias veces. Se lo deletreo. Pero sigue siendo “Mara”. Se lo perdono. Soy un tío comprensivo.
 
Empieza el partido. Mar lo borda. Es un privilegio estar allí y ver esos primeros minutos. Las rotaciones comienzan, pero la entrenadora de Irlanda no sustituye a Mar. ¿Por qué? Porque está siendo la mejor. En el primer cuarto, anota todos los puntos de la selección de Irlanda excepto dos. Un lujo. Un privilegio.
 
Alba sale a pista también en el primer período. Le insisto a la entrenadora en que ella puede jugar en cualquier puesto, que no le va a importar defenderse a quien sea. Alba, que esa noche me contará cómo se quedaba temporadas sin poder jugar al baloncesto porque no había niñas de su edad, juega ahora con la selección de Irlanda.
 
Mari Cruz sigue en el banquillo. Espera y desespera. Salen todas menos ella. En un tiempo muerto del segundo cuarto, la entrenadora me pregunta si es zurda. No entiendo nada. “¿Le importará jugar de alero por la izquierda?”. No entiendo nada, salvo que tengo que decirle que sí, que Mari Cruz jugará de extremo izquierda. De lo que sea. Sin problema.
 
La entrenadora la llama y le explica lo inexplicable. “Juegas por la izquierda”. Mari Cruz sale y juega por la izquierda. El partido siempre está igualado. Las senior de Belfast aprietan y las junior de la selección de Irlanda se atascan. Les cuesta salir de la presión.
 
La entrenadora me pregunta si Alba puede jugar de base. Le sugiero que le dé el balón a Mari Cruz. Aunque no sea zurda. Y todo vuelve a tener sentido. Incluso para la seleccionadora de Irlanda: Mari Cruz termina jugando de base los minutos decisivos.
 
El partido es cada vez más intenso entra en el último cuarto con ligera ventaja de las Ulster Rockets. La irlandesa empieza a gritar a sus jugadoras que le den el balón a Mari Cruz, que lo suba ella. La historia de la suplente que se convierte en extremo izquierdo, la extremo izquierdo que se convierte en base. No recuerdo a nadie que se haya hecho jefe tan rápido.
 
Yo estoy allí para ver la última jugada. Son momentos que sólo parecen posibles en un partido de baloncesto. Irlanda pierde de 4 y tiene la posesión. Canasta de una de las chicas irlandesas y falta personal. 2 abajo. Tiro libre. Quedan diez segundos. Falla. Irlanda coge el rebote ofensivo. Tiro desde la esquina. Falla. Irlanda vuelve a coger el rebote ofensivo. Pase a la esquina. Esta vez llegan dos defensoras a puntear. No hay opción. No hay tiro. Hay pase. A Mari Cruz. Que lanza de tres.
 
La bocina suena cuando el balón va por el aire. Como en las películas.
 
Silencio. El tiempo se para, se congela. Hasta que la pelota entra. El ruido de la red hace que el pabellón vuelva a despertar.
 
La reacción cuando se gana un partido en el último instante es igual en todos sitios. Los gritos, los abrazos entre las jugadoras, las manos en la cabeza de los que pierden, el público en pie que aplaude y sonríe. Una piña de camisetas blancas celebrándolo en mitad de la cancha, camisetas blancas de la selección de Irlanda con las de Molina Basket.
 
Se dice rápido.

 

Antes del último partido, Breda nos reúne a José Juan y a mí para decirnos que hay que elegir una MVP por equipo. Él y yo nos miramos. Es una decisión difícil. Dudamos. Breda nos ofrece consultar después del siguiente encuentro con otros entrenadores. Una segunda opinión. O tercera. Nos parece correcto.
 
 
Quince minutos antes del último partido, vemos a las chicas de la selección de Irlanda calentando. Llueve fuera. Ellas corren por los pasillos. Suben y bajan escaleras. Para ellas no es un amistoso. Se nota. En junio tienen competición y saben que se juegan un sitio en el equipo.
 
Nuestras chicas están agotadas. También se nota. La cabeza y las piernas han perdido la sintonía. Aguardan el partido como quien espera un autobús en invierno. Golpeando el suelo con los pies para que no se congelen.
 
El autobús llega puntual. Vestido de blanco y detalles verdes. Es el encuentro más raro, más rápido y más impreciso de todo el fin de semana. Lo intentamos, pero fallan las conexiones. La cabeza, las piernas, las manos. La respiración.
 
Cuando nos damos cuenta, el autobús ha pasado y seguimos sentados en la parada. Con las manos en los bolsillos y mirando al suelo.
 
Las chicas recuperan la sonrisa en cuanto pitan el final. Me alegra ver eso. Las jugadoras de Irlanda les regalan unas insignias con su bandera. Se saludan como si fuesen amigas de toda la vida.
 
La mujer de la cafetería entra en la cancha y llama a Sabela. Le ha preparado una bandeja llena de dulces. Más grande que la del día anterior. Más preparada, menos improvisada.
 
Sigue lloviendo. Nos trasladan rápido al hotel. Son las dos y media. A las cuatro tenemos la cena en el City Hall.
 
El conductor es Joe, es Charlie, es Geraldine, es Kathy, es Keira, es Ashley, es John. Es cualquiera. Pienso que es domingo por la tarde y esta gente nos hace de chófer con la mejor sonrisa. Personas diferentes, igual de amables.
 
Hay que ducharse rápido. Nos esperan en un palacio.